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Y DE PRONTO, ZAS

Por Luis A. Chávez

 

Y de pronto, aquel candidato de las carnitas asadas y cerveza entre unos cuantos amigos, zas, nomás no llegó. El retortijón político se siente, desmadeja la compostura aquella y, hoy, es un recalcitrante hecho donde la voluntad popular, llena de hartazgo dijo sencillamente no más. Y la nevera vacía, las llamadas por teléfono, las esperanzas, el ánimo, son la factura innoble de una larga realidad contraria. ¿Qué hacer?, tragar camote.

Porque la vida sigue y la esperanza ha muerto (o nos colgamos a ver en qué autobús) y sonreír de dientes afuera; decir que “todo va muy bien, que esto es así” pero, el dinero invertido, se ha ido al hoyo.

No más carnitas asadas, no propaganda a favor, no anhelo y no esperanza, no sueños. Cero planes. Que alguien les diga qué pasó aunque, la historia que se repite a si misma ha sido el alacrán festivo de esta “deshonra” contraria, este mal trago con sabor a pérdida.

Adiós mariachis, cantinas, Nueva York y compras en el extranjero. Zapatitos caros, calzoncitos de oro, Comisiones, otros viajes, tren fabuloso de vida, leche y miel ¡mi cheque!

De sopetón volvemos a la casa, a las cosas simples y triviales cuando, a punto de tocar el cielo, nos fuimos dando cuenta, poco a poco, que aquel arroz no se cocía, que tardaba mucho y se quemó, de plano. No más gourmet ni vino, no langosta ni patria ni discurso, cero planes.

De pronto zas, simples mortales, fuimos arrebatados como nunca y deambulamos hoy con el pesar a cuestas, justificando inverosímil estrago porque la realidad más dura acaba de abofetearnos el rostro, de decirnos No (ojalá sea siempre) y desconocer tanta comparsa.

Alrededor de la grilla, en sus holanes de vuelo, radica una especie de zánganos que, acomedidos y anteponiendo dinero de su bolsa, creen que su candidato tal o cual será el que mande, le apuestan a él, perjuran que irán con él, hasta el infierno. No se les cumple –el infierno sí, desprotegidos ahora- y esos parásitos desacomodados, oportunistas e hipócritas, se vuelven el hazmerreír social que los contempla, ver cómo caen con todo y bicicleta, gorra, cachuchas, mandiles. Con toda suerte de trastes en busca de una redención que está “quemada”, que no sirve, no funciona y, ojalá, ya nunca.

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