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UN FENÓMENO LLAMADO RUBÍ

Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas. Refrán popular

Por Luis A. Chávez

 

Por Luis A. ChávezOctavio Paz, en su Laberinto de la Soledad retrata al mexicano de manera íntima y cabal a grado que, algunos, se ofenden de tanta verdad. Hoy más que nunca la sociedad mexicana está sobradamente dividida, ya sea por la interminable corrupción o porque Nostradamus profetizó que para estas próximas fechas se va a acabar el mundo, lo que parece ser la única solución viable y, cualquier hecho, hoy, gracias a las herramientas electrónicas, satelitales de prodigio, en cuestión de segundos ese hecho se sabe (“se sube a la red”) y todo mundo, práctica, literalmente, se entera. Son las nuevas, adolescentes e infantiles generaciones los expertos en pixeles y demás categorías, denominaciones que, al topar con la pared del ocio e ignorancia, hacen de un hecho simple un portento, nos guste o no. Así, hace unas semanas a un ranchero se le ocurrió decir frente a un teléfono celular –acompañado de su esposa y quinceañera hija- que “todos, están invitados al cumpleaños de mi hija Rubí”. Para qué lo dijo, pero sobre todo para qué “lo subieron” a la susodicha red.

De inmediato el mexicano común viralizó (término moderno), potencializó (término político) su dicho y de forma exponencial fue creciendo, sobre todo entre “la raza”, es decir los valedores, prestos al llamado “meme” -que es una burla definitiva de algo- y, aquella sana invitación que fue sencillamente eso, adquirió proporciones monstruosas.

Debido a la inmediatez ya mencionada y a la idiosincrasia nacional, un simple festejo de cumpleaños creció desmesuradamente, a grado tal que las Naciones Unidas, las fuerzas del orden, parte del mundo de la farándula y ya no se insista en la raza, tomaron cartas en el asunto por falta, precisamente sobre todo la raza, de quehacer. Un fenómeno adverso, dudosamente catártico, dado el grave estado de delincuencia que se padece a nivel nacional.

La reacción, fundamentada en la rapidísima entrega electrónica de mensajes, fotos, videos, suena más a burla y se remite a un Festival de Woodstock (1969, 500 mil espectadores) que tuvo su reflejo entre los hippies valedores en Avándaro, 1971, más de 250 mil personas.

Esto es así, el mexicano, con su “viva mi desgracia” lleva su vals de tragedia no porque sea chistoso, no porque reflexione y profundice sino porque, sencillamente, le gusta joder.

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