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RICARDO OROZCO

Por Luis A. Chávez

 

La preciada presea de la confianza, sentimiento que una y otra vez renueva en política su gráfica de altibajos, depende de las raterías e indiscriminados saqueos de los que dicen trabajar en bienestar del pueblo y, esa presea, vuelve una vez más a jugarse la credibilidad en el Distrito XXVIII que compete a Minatitlán que, ahora, se gana casa por casa. Le toca a Ricardo Orozco Alor emprender esa carrera maratónica de acercamiento físico, geográfico, para saber lo más próximo posible y de viva voz, cuál es el ánimo de la ciudadanía que, certera y desconfiada, no dejan de recibirlo y atenderlo. Orozco Alor tiene con él juventud; su discurso –que ya le hemos escuchado tanto en vivo como en videos- no tiene florituras. Un orador sabe que se crece en la constante, interminable disciplina de entonación, impostación de voz pero sobre todo contenido del mensaje y Ricardo aunque no tiene todos esos elementos todavía, es escuchado en cada lugar que se detiene o se presenta. Tras él, se mueve una pesada maquinaria que congrega a sabios añejos y suertudos del bautismo oficial que los acoge en su seno para volver a la carga. Todo en política y en el amor, dicen, se vale.

Lo que no se vale es que de nueva cuenta las cifradas esperanzas, una vez más, sean llevadas al vertedero infame de la desilusión más amarga que, otra vez, no cristalice, aterrice los numerosos planes de bienestar (si no todos al menos unos cuantos de importancia) que desde hace mucho demanda la población tanto rural como urbana. Necesidades sin término donde, el dinero, es el indispensable motor. Orozco Alor no dispondrá de recursos, él será un gestor pero su aproximación a esas oficinas de programación será la buena suerte, ojalá, para nuestra ciudad de hace tiempo urgida de mejorar en muchos aspectos. A Ricardo Orozco Alor le han cuestionado, de frente, el partido que lo avala pero que votarán por él es decir por la famosa “persona” y se insiste, su juventud conlleva los buenos deseos de agilizar esos trámites de auxilio que se requieren ya de hace mucho.

Por supuesto, su juventud tampoco es garantía de aplicación correcta incólume de intenciones sanas, porque puede fallar es decir, desilusionar a todos. Pero he ahí que las primeras encuestas de recibimiento y multitud a su persona son buenas y, más allá de la simple corazonada, Orozco Alor trasmina deseos de hacer bien las cosas. Ojalá porque, de ser así, Diputado Habemus.

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