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¿QUÉ ES UN OPERADOR POLÍTICO?

Por Luis A. Chávez

En México, en síntesis, un “operador político” es un hijo de la chingada.

Pillo de 7 suelas, lobo de las muchedumbres, debe de tener, antes que nada, carencia absoluta de moral que, gustar del huisqui, comilitonas, chamacas, es otro asunto.

Tener colmillo y tablas, elementos esenciales del operador político; estar dispuesto al engaño, saber de trucos y artimañas. No de otra forma se concibe a un…individuo, que sabe de los contactos humanos rurales y urbanos, que conoce a las autoridades locales, a la Prensa, que dirime las “negociaciones” referentes a un afán único: ganar, a toda costa, elecciones. Pueden, en determinado Distrito, ser uno o más operadores, todos en coordinación perfecta y con facilidades extremas, urgentes, para estar en comunicación constante. Un operador político sabe de secretos –más del contrincante pero también de su jefe- que avergonzarían al diablo.

Puede que haya escuelas, institutos o universidades para formar operadores políticos. Pero basta que sepa los detalles íntimos, las debilidades o las fortalezas de los otros grupos para que su habilidad y su destreza, que la tiene, sean tomadas en cuenta.

Un operador político aspira, por supuesto, a obtener algo a cambio. Su inmisericorde, desvergonzada y cínica tarea (que pasa mayormente desapercibida) es parte de la gran clave de la maquinaria falaz en que se mueve.

Él supervisa carteles, bardas, radio, medios impresos, televisión, dirigentes, asociaciones, clubes, mantas, gorras y hasta bolígrafos.

Sabe de horarios y agendas, debe memorizar puntualmente cuántos, quiénes, dónde, cómo, a qué horas y con quién. Le conocen en la policía, el ejército, la naval e incluso grupillos delincuenciales (porros) de última hora. Recibe y maneja recursos económicos pero no resguarda la espalda de su candidato que, a ese, otros le cuidan la vida. El operador es el que coordina las reuniones, los recibimientos, los mítines, el que lleva gente, el que llena estadios.

Al operador político poco o nada le valen la integridad, la moral, la verdad. Sus herramientas son el ataque anónimo, el vituperio pagado, la deshonestidad pues, ya se dijo, el objetivo es ganar y, la democracia sobre todo, a él, a su jefe y a sus madres le vale lo mismo.

Sin el operador político, ese gran sinvergüenza, mucho de los “triunfos” de su partido, sencillamente no fueran.

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