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¿QUÉ ES UN DIPUTADO?

Por Luis A. Chávez

 

Todo funcionario que ejerza un cargo público, ese cargo le obliga a ser consecuente con toda una serie de valores como: honestidad, lealtad, educación y más es decir, ser ejemplo ya que es un dirigente, un jefe, un líder. Lo anterior es lógico, es una obviedad de conducta al estar al frente de, digamos, “sus agremiados” que, en este caso, es un amplio sector de la sociedad a la que quiere servir. Pero si ese dirigente, ese jefe, ese líder es un procaz y nos da ejemplo de brutalidad sin miras de educación mínima ni siquiera a su propia familia, a su propia sangre ¿qué se puede esperar de él si no es pariente mío?

Soberbios, truculentos, orgullosos, groseros y manipuladores conforman la escala de antivalores de esos aspirantes a jefes que, además, vulgares y de lenguaje procaz, exhiben lo más corriente de su léxico y conducta es decir, eso es lo que son: corrientes y vulgares.

Un diputado es algo significativo, alguien con trato amable y gentil. Tolerante, se supone escucha y utiliza la mesura pues estamos ante un político que, además, ya tiene años en el ejercicio.

No es así. Es un majadero, un grosero un corriente.

Y si ese que quiere ser dirigente ya desde ahora me está demostrando lo vulgar que es, nada ni nadie me garantiza que, siendo jefe, va a cambiar. Me espera, como ciudadano, un trato de la chingada (lo escribo así para estar a “la altura” de esos manejos procaces).

Un diputado –se insiste, más con “tablas”- sabe dirimir, negociar, callar y disuadir; demostrar sobre todo que es precisamente un político, no un rufián.

Las mutuas acusaciones, dimes, diretes, desmentidos, rumores, cena de negros y desaguisados personales deben de tener su momento y lugar, no en una campaña donde, dicen, quieren ser los rectores y la luz de todo un estado.

Semejantes carretoneros no merecen, ninguno de ellos, ser considerados. A tanto se ha degradado lo que llaman “sistema” donde, por si fuera poco, se mezclan a lo largo y ancho del territorio nacional, en lo político, nexos con la delincuencia organizada sin que absolutamente nadie, ninguna autoridad, llame a cuentas a los implicados en esas relaciones que han provocado, en el país entero, una debacle espantosa de crímenes imparables.

Gane fulano o pierda zutano (los carretoneros) lo cierto es que, la suerte de México, y del estado de Veracruz, está echada…al barranco.

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