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Plana mayor: PJE: Juicios en el limbo

Gaudencio García Rivera

Frustrante, desencantado y pesimista están aquellos que le apostaron al cambio de la nomenclatura política por un rostro social más humanista con la llegada del nuevo profeta aliancista. Le apostaron a que el justiciero, el Némesis, con su discurso incendiario, metería al cadalso a la cofradía corrupta del Duartegate.

Se equivocaron de profeta, de redentor, de guía y de iluminado; es un populista de corte autoritario. Disfrazado de oveja, con garras de lobo en pos de mantener  la supremacía por los cuatros puntos cardinales en Veracruz, a cualquier precio y costo que sea sin importar que los 212 municipios se conviertan en ríos de sangre.

Los poderes Legislativo y Judicial han sido sometidos a sus valencianas desde el primer día del inicio de su bienio como todo excelso gobernante cleptócrata. Las máximas de la impartición y procuración de la justicia pronta y expedita son una entelequia, un mito genial.

Los contrapesos son una caricatura, a partir de la abyecta intromisión de la dedocracia yunista en los drenajes de  la elección de los titulares de la Junta de Coordinación Política de la LXIV Legislatura local, el panista Sergio Hernández Hernández –hoy en la picota de corrupción y de la opacidad-, y del Poder Judicial, Edel Álvarez Peña, despidiendo trabajadores, contemporáneo y socio en negocios periodísticos desde el 2004.

Un sector de la sociedad civil y ciudadanos de a pie que sufragaron el 5 de junio del 2016 por el actual góber del primer  bienio contemporáneo en los anales de Veracruz –la otra mitad votó por el ex hegemónico viejo PRI y el naciente partido y revelación del país, Morena-, se siente desilusionada y traicionada porque los resultados que ofreció el expriista y ahora neopanista Miguel Ángel Yunes en  los rubros de justicia, seguridad pública, finanzas, campo, salud y educación, han sido pírricos e insulsos para el estado.

¿Es verdad que los votantes que eligieron al nuevo huésped de Palacio de Gobierno hoy lo ven con desdoro o es obra de la oposición del PRI, de Morena y de sus malquerientes? El colectivo imaginario esperaba que el nuevo profeta aliancista del PAN-PRD pusiera tras el cadalso a la cofradía duartista de los 300  truhanes que llevaron a la bancarrota a Veracruz.

Todo ha sido un mero ardid del góber del “Cambio” para su causa. Lo que tanto renegó -“Yo no pacto con corruptos”-, hoy acuerda y se toma la foto en Palacio de Gobierno con el extesorero duartista de la Sefiplan, exOficial Mayor de la SEC  y diputado local con licencia del Partido Alianza Social, Vicente Guillermo Benítez González, uno de los 300 corruptos enlistados por la fiscalía general del Estado por el Duartegate.

La bancada del PAN de la Legislatura local, con sus matices, está practicando el mismo ritual, usos y costumbres que ejerció su adversario del PRI, ofreciendo el oro y el moro, para engrosar la fracción albiazul y mayoritorear a la oposición con las iniciativas de ley del gobernante cleptócrata.

Lo grave de los tres poderes del estado que, en teoría son “autónomos, independientes y soberanos”, es que los contrapesos son una parodia, un entramado que permite que el gobernador en turno actúe con poderes “metaconstitucionales”. Es decir, el titular del Poder Ejecutivo puede hacer y deshacer lo que a su libre albedrio disponga sin que ningún poder lo reconvenga, salvo el federal.

Un reflejo del poder “metaconstitucional” del Ejecutivo ocurre en la mayoría de los juzgados dependiente del Poder Judicial del estado. Los proveedores en general que tienen deudas con el gobierno estatal saliente que heredó un monto de 11 mil millones de pesos, no pueden cobrar en los procesos legales que abrieron porque en las barandillas judiciales hay la instrucción superior para que permanezcan en el limbo.

Las cámaras prestadoras de servicio, asociaciones civiles, constructores, mueblerías, aseguradoras, medios de comunicación impresos y electrónicos, etcétera, se topan de cabeza en los juzgados de la capital del estado que es invisible la administración de justicia. La crisis política y la semiparalización de la planta productiva, heredada, no hay voluntad para resolverla.

La retórica reivindicadora de los titulares de los poderes Judicial y Ejecutivo no es más que una graciosa quimera oportunista, porque es evidente la ausencia de hidalguía, honra y temple para construir nuevas instituciones públicas donde la moralidad sea el blasón de una sórdida  clase política de oposición que hoy es gobierno.

La justicia en Veracruz no puede ser rehén de grupúsculos, facciones o tribus partidistas que hoy usufrutuan el poder público. La sociedad civil está agraviada por los últimos regímenes priistas que pervirtieron el discurso y los dineros públicos. El bienio yunista tiene que reconciliarse con la comunidad veracruzana, diversa y pluriétnica, porque se gobierna para todos.

Pero debe quedar claro. Los juzgados del Poder Judicial del estado  no pueden ser partidizados por el gobernante en turno, porque se pierde la máxima legal del contrapeso real hacía el Poder Ejecutivo. Entonces caemos en un autoritarismo falaz.  Los asuntos en general del quehacer judicial deben rescatarse del limbo para que la procuración y administración de la justicia no sea un oprobió en Veracruz. ¡El pez por su propia  boca muere! Comentarios a gau41@hotmail.com

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