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PLANA MAYOR: Los Yunes, mezquindad: derrota

 

Por: Gaudencio GARCÍA RIVERA

 

El PRI fracturado.

El PRI fracturado.

En los entresijos del poder público y partidista y de cara al proceso local electoral, tendría que  haberse valorado de forma y fondo los claroscuros de  los Yunes, los pesos y contrapesos, los errores y horrores, el genio y mediocre ante la sociedad civil para rescatar la gubernatura de Veracruz.

El narcisismo, la omnipotencia y patología por el poder bajo el manto protector del presidente EPN, de los secretarios de Gobernación y Hacienda o de los líderes del Congreso de la Unión –la famiglia organizzata que brinda  el poder-, la frivolidad, no son suficientes para derrotar a la alianza PAN-PRD el 1 domingo de julio del 2018.

Habría  que preguntarse si los Yunes –Héctor y José- son hoy una garantía real para el PRI y la maltrecha y  defraudada sociedad civil y ciudadanos de a pie por la secuela del Duartegate y el Yunes aliancista. ¿Mano negra, sí? El autor responsable y poroso exgóber hoy está en prisión.

Héctor y clase política que lo cobijó en la campaña de los comicios del 5 de junio de 2016, estuvo plagada de mercachifles, traidores, conspiradores, fraudes y mezquinos que lo llevaron a la derrota estrepitosa como nunca había ocurrido en Veracruz. ¿Dónde quedaron los dineros públicos para la frustrada campaña electoral?

¿Dónde están los traidores? ¿Se les expulsó? Con ese sombrío episodio priista, el imaginario colectivo colocó en los contrapesos  a los Yunes sí en verdad son una garantía y tienen el peso en oro para enfrentar y derrotar al presunto aspírate y primogénito del  megalómano Yunes aliancista (MAYL), o hacer falta la presencia del caballo negro, descartado, por supuesto, por los punteros del juego sucesorio del 2018.

¿Quién sería el caballo negro? ¿Quién tiene las suficientes agallas  y espolones para medirse en el fango partidista del primer domingo de julio con el aliancista del  PAN-PRD? ¿El exsubsecretario de Gobierno y alto funcionario de la SEP, nativo del sur de Veracruz? Quién sabe. No es descartable. En política cuenta la circunstancia, la coyuntura y la constancia.

En el juego de ajedrez, los senadores Héctor y José Yunes aplicaron jaque mate al rey para expulsar del poder político a los duartistas de la cúpula estatal priista, que tanto daño causaron a la auténtica militancia del tricolor por 12 largos años. Todo lo que dicen los diputados federales con sello duartista son un oprobio.

Es hora de tomar decisiones consensuadas, inclusiones,  pluralismos, igualdad de géneros y respeto a las minorías, sin sometimiento u opresión. Hay que desterrar fobias, filias y la sevicia que ondea en los bunkers de los punteros del juego sucesorio para que se repliquen en las altas esferas del PRI  estatal, principalmente en la oficina del nativo de Perote.

Hay que dejar el doble discurso, la simulación, la mezquindad y  las utopías para el museo político. José Yunes Zorrilla debe desterrar la timoratez y mantener más constante la lupa sobre los lunares del discurso populista del aliancista Miguel Ángel Yunes Linares si en verdad anhela ser el abanderado del PRI a la gubernatura.

La unidad, cohesión y acuerdos que han hecho patente José y Héctor en el discurso oficial por la gubernatura en el 2018 donde el perdedor del 2016 ha reiterado su voluntad de ser el abanderado por segunda vez, tiene que ser visible en los hechos para que el  mensaje lo entiendan sus correligionarios  y, no, de dientes para afuera.

Hay que esperar, por supuesto, el resultado de las encuestas de la cúpula nacional del PRI donde se cruzarán los afectos y deferencias de Los Pinos Gobernación, Hacienda y los líderes del Congreso de la Unión, para determinar quién de los dos Yunes, más los que se sumen, entre ellos el caballo negro, será el ideal para contender contra el que elija la dedocracia de la cúpula nacional panista, entre ellos Miguel Ángel  Yunes Juñior.

Si las altas esferas del PRI nacional desea recuperar la gubernatura de Veracruz y no perder la presidencia de la República–tercera entidad del país que mayores votos aportaba al candidato presidencial del tricolor- y arma el entramado a la perfección, deberá someter a la orden a los Yunes porque en los sótanos del poder los golpeteos y zancadillas están a la orden del día.

Cualquier desgaste o descalificación entre los  bunkers de José y Héctor es en automático un bumerán contra el posicionamiento del PRI en la víspera electoral que impactará cuando se designe al candidato a la gubernatura y en el  curso  de la campaña de proselitismo.

La cúpula nacional del PRI, ni a Los Pinos, les conviene que el tricolor elija un candidato débil, vapuleado y maltrecho por sus propios correligionarios. José y Héctor o viceversa son un reflejo de la simulación y doble moral. ¿Por qué? Porque desde que se perdió la gubernatura el 5 de junio en el 2016, no se han puesto de acuerdo para proponer a sus alfiles en una decena de delegaciones federales acéfalas.

Fueron otros grupúsculos de la cúpula nacional del tricolor por conducto de la delegada del CEN del PRI, Lorena Martínez –designada en la primera semana de  enero de 2017-, que aprovecharon los vacíos políticos en Veracruz para recomendar ante el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, la promoción de la defenestrada Elizabeth García Morales a la delegación estatal del ISSSTE.

Ante los desencuentros y polarización de los punteros a hándicap gubernamental 2018 –el 1 de noviembre queda instalado el Consejo General del OPLE para dar el banderazo del proceso electoral 2017-18-, la hidrocálida Lorena Martínez, estrechamente ligada con el exgóber Javier Duarte, hoy en prisión, hizo una jugada con suma maestría ante sorpresa de los propios priistas.

Si en los bunkers de Héctor y José continúan montados con el síndrome de Hybris, del narcicismo, de la exclusión  y de la omnipotencia, de antemano se percibe la crónica de una derrota anunciada. El equipo de Yunes  Zorrilla tiene la característica de minimizar o descalificar a todo aquel que se acerca a su bunker. Asumen la máxima salinista: te veo pero no te oigo. La humildad brilla por su ausencia.

El epílogo. Si los punteros del juego sucesorio no arreglan sus desacuerdos, ¡el caballo negro podría dar la sorpresa! ¿De acuerdo?

Comentarios a gau41@hotmail.com

@12 hrsver

 

 

 

 

 

 

       

 

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