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PLANA MAYOR: El duelo patológico en Veracruz

Gaudencio García Rivera

El terror, la zozobra y la incertidumbre que vive sistemáticamente Veracruz, pareciera una película de ciencia ficción, se convirtió en una terrible pesadilla que fue escalando década por década, hace 30 años.
Una ciencia ficción que se hizo una espantosa realidad como en los cuentos de Édgar Allan Poe, Agatha Christie, Giovanni Papini, Rafael Llopis y Donatien Alphonse François de Sade, el famoso padre del Sadomasoquismo.
En sus obras se conjuga el terror, el sadismo, la crueldad, la perversión, la mentira y el ateísmo, que hoy, tristemente y con singular cinismo y osadía practican los capos del crimen organizado. 
No son cuentos, inventos de los “enemigos de Veracruz” como dicen los políticos de las altas esferas de la 4 Transformación (4T), es la sombría realidad que agobia a los veracruzanos, a la sociedad civil.
La barbarie, que ejercieron las culturas precolombinas en México y los Vikingos en Noruega, que se suponía estaba erradicada del planeta, nos alcanzó nuevamente como si se fuera un pueblo incivilizado, sin ley y orden institucional.
El aparato político estatal está herido de muerte. Venía dando tumbos desde el sexenio de Patricio Chirinos Calero (1992/98), pero la propia clase política priista le fue recetando sólo mejorales y una que otra cirugía menor. 
Con Miguel Alemán Velasco (1998/2004), Fidel Herrera Beltrán (2004/10) y Javier Duarte (2010/16) simularon practicarle una cirugía mayor que se agravó con el panista Miguel Ángel Yunes Linares (20016/18).
El aparato político estatal agonizaba. Pero una luz en el universo electoral de 2018 le dio la esperanza para levantarse del lecho de la muerte. Camina con lentitud y, a veces en el discurso oficial, quisiera correr para abrazar la causa social.
En cualquier momento, puede recaer y ser atrapado por el cáncer de la corrupción. La bocanada de oxígeno puro le devolvió la vida con un concepto y bandera diferente. Tiene la oportunidad de oro de vivir una vida plena con resultados óptimos y de calidad. 
El góber ha ofrecido a sus críticos y malquerientes reducir en cero tolerancia contra la impunidad, ineficiencia, desigualdad, injusticia, corrupción, nepotismo, compadrazgo, amiguismo, tráfico de influencias, subordinación de poderes autónomos e independientes.
Pero, a veces, al fin humano y falta de experiencia en el juego político, sucumbe, por momentos, a las tentaciones mundanas, profanas. La egolatría, el doble discurso y la simulación, por encima de los valores capitales.
Hay la percepción en el imaginario colectivo que el titular del Poder Ejecutivo del Estado, Cuitláhuac García Jiménez, vive en otra dimensión, en un mundo bizarro, con una patología social irreal de las víctimas y ajustes de cuentas que cobra el crimen organizado en el estado.
En Veracruz la realidad del desosiego, del terror y del pavor rebasó los límites del imperio de la ley, que ha sido vapuleado y socavado por los capos de la droga. El tejido social se ha ido reconstruyendo a cuentagotas.
Es paradójico que cada vez que aparecen notas, análisis o reportajes sobre el ojo del huracán de la grave inseguridad en la que se encuentra la entidad -por la ola de crímenes y secuestros diarios que se comenten-, el primer círculo de la 4T descalifique los trabajos periodísticos.
En lugar de corregir errores visibles en la guerra para inhibir a la delincuencia organizada –un combate que para los capos de capos no ha terminado como lo decretó el 30 de noviembre AMLO-, los operadores de Cuitláhuac García justifiquen sus pifias al desacreditar a quienes evidencian el discurso del triunfalismo. 
Colgarse de medallas porque en ‘Xalapa y en la zona centro del estado han bajado los secuestros y feminicidios’ en un 40%, resulta burdo y una vil patraña que ni un niño de kínder se lo cree. 
Su actitud es también deleznable, fútil y abyecta cuando censuran a los periodistas críticos por ejercer con transparencia su oficio en el recuento de resultados de la guerra contra el crimen organizado, el cual ha dejado un duelo patológico social. 
”Quienes hablan mal de Veracruz, están contra el gobierno y del pueblo”, dice el orondo secretario de Gobierno, Eric Cisneros, forjado en el norte del Pacífico. Los cárteles de la droga convirtieron al estado en uno de los cementerios más grande del país, por comisión y deterioro de las instituciones públicas. 
En la lucha de los capos de la droga, entre ajustes y limpias letales contra la SSP y su titular Hugo Gutiérrez Maldonado, Veracruz se convirtió en un estado genocida, comparado con las etapas de la Revolución y la conquista de México. En pequeño, pues.
Pensar en los genocidas mayores del mundo como Mao Zedong, en China, que dejó regados a 78 millones de víctimas deja perplejos a cualquier ciudadano con actitud acerada. 
Con el pretexto de extinguir a las células criminales, el poder público local aprovecho el cheque en blanco que le otorgó la federación para acallar a activistas sociales, periodistas y ciudadanos en general, bajo el pretexto burdo de estar confabulados en las actividades del crimen organizado.
La mayoría de los crímenes, ocurridos en los regímenes de Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes, jamás fueron esclarecidos y, otros, fueron sesgados los dictámenes del móvil. 
En este epílogo, Veracruz enfrenta un duelo patológico social sin igual, con una lenta reconstrucción del endeble tejido social y crímenes de conciencia con un estado menguado por la megalomanía de sus gobernantes en turno y un Poder Judicial colapsado. ¿Habrá punto final contra los antecesores de Cuitláhuac? ¿Hasta cuándo?

Comentarios a gau41@hotmail.com 
@12horasver

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