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PLANA MAYOR: El ciclo de Emilio Gidi

Gaudencio García Rivera

La comunidad académica y política veracruzana perdió a uno de los hombres ilustres que le dieron luz a la academia y a la política. Está de luto.
Abatido por padecimientos de salud, el exrector de la Universidad Veracruzana, Emilio Gidi Villarreal, en el período 1992/97, falleció la madrugada de este lunes 1 de abril a la edad de 77 años.
Conjugó con sabiduría la academia con la política. Inició su carrera profesional en el sexenio de Rafael Murillo Vidal (1968/74) como juez en Xalapa (1965) y jefe de la Policía Judicial del Estado (1967).
Vendrían después otros éxitos que coronarían su carrera profesional. Magistrado Supernumerario y presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, entre otros relevantes cargos.
La joya de la corona académica le llegó en la madurez de su vida con el gobierno de Patricio Chirinos Calero (1992/98) –el potosino que simuló haber nacido en Pánuco-, quien lo propuso como rector de la Universidad Veracruzana, por facultades que le concedía la Constitución Política local.
Rector de la UV en el período 1992/97, Emilio vino a consumar el viejo proyecto que dejaron postergados uno de los principales tutores de la autonomía universitaria y de otros blasones: Roberto Bravo Garzón y el entonces gobernador Rafael Hernández Ochoa (1974/80).
A propuesta del gobernador Patricio Chirinos Calero (nacido en Tamuín, San Luis Potosí) pidió a la Legislatura del Estado conceder la autonomía de la Universidad Veracruzana del Poder Ejecutivo, para que nunca más el gobernador en turno designara al rector.
El hecho histórico se registró el 26 de noviembre de 1996. Emilio Gidi Villarreal inauguró la autonomía política de la UV, que a partir de esa fecha ya no hay dedazos de Palacio de Gobierno.
Los rectores, con sus matices y con la sombra del poder del que se va, son elegidos con toda libertad por la comunidad académica veracruzana.
El viejo proyecto de la autonomía, en teoría, no es de Patricio como sus apologistas suponen, corresponde en realidad al gobernador Rafael Hernández Ochoa y al entonces rector Roberto Bravo Garzón (1973/81).
En el último año de la gestión de Hernández Ochoa, en común acuerdo con Roberto Bravo, propusieron a la Legislatura del Estado la autonomía de la UV que fue elevada a rango constitucional el 9 de junio de 1980.
Por qué razón los gobernadores en turno, Agustín (Disgustín) Acosta Lagunes (1980/86), Fernando Gutiérrez Barrios (1986/88) y el interino Dante Delgado Rannauro (1988/92), ¿no continuaron con los procedimientos legales de la autonomía de la UV?
¿Quién sabe? ¿Qué impedimentos u obstáculos políticos hubo? ¿Fue económico? La coyuntura o circunstancia y el tiempo, ¿no lo permitieron? Habría que preguntárselos a los rectores que aún viven de 1981 a 1992.
Curiosamente, Emilio fallece a los 77 años de edad, y Roberto Bravo, a los 77 años, en la Ciudad de México, el 25 de mayo de 2012.
El viejo sueño que dejan incompleto Bravo Garzón y Rafael Hernández Ochoa para concederle la autonomía integral a la UV, no fue por capricho o frivolidad sino por falta de tiempo, pues agonizaba el sexenio.
“¡Eres un genio! Pero ya no da tiempo”, le decía don Rafael con admiración y con una palmada al hombro al director del IPE, José Luis Lobato Campos, el hombre exitoso del sexenio, quien le había propuesto alquilar buques petroleros en la era del boom del oro negro para fortalecer las finanzas del instituto.
Faltaban escasos 6 meses para terminar el régimen del lema “Unidad y Trabajo”. José Luis (+) dejó un IPE sólido y fortalecido como la torre de Eiffel, que en contraste hoy se tambalea, 39 años después, por corrupción, ineficiencia e impunidad de los gobernantes en turno.
Pero, por supuesto, debió haber razones de peso, vendavales o algún Waterloo que impidieron que los rectores que antecedieron a Roberto, no cristalizaran la autonomía universitaria que hoy le ha sacado lustro la actual y gris rectora Sara Ladrón de Guevara.
Hoy, la riqueza pecuniaria de la reelecta rectora y su mansión, es cuestionada por la comunidad académica, por sus críticos y malquerientes.
Con la partida de Emilio, cotutor de la autonomía de la UV, y de Roberto Bravo -25 de mayo de 2012-, padre de la autonomía, dejan una huella perenne que difícilmente podrá ser superada por Carlos Manuel Aguirre Gutiérrez (1983), Salvador Valencia Carmona (1986) y Rafael Hernández Villalpando (1991).
Cerró su ciclo en la vida terrenal y profana, tras una vida exitosa y logros en general. Ganó batallas. Perdió la decisiva, la más importante de todas. Cayó como un guerrero.
Y en este epílogo, de 1997, con Víctor Arredondo Álvarez para acá es otra historia de claroscuros que habrá que contar. La UV, al igual que el gobierno estatal, se encuentra atrapada en el peor tobogán financiero de la historia. Hay que esperar que papel toma ante el gobierno morenista, tras su entreguismo con el gobierno panista. Aguardemos, pues.

Comentarios a gau41@hotmail.com
@12horasver

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