Ultimas Noticias

MELQUIADES Y SUS QUIMIOTERAPIAS

 

 

Por: Luis A. CHÁVEZ

 

 

iguanaEs joven, acaso unos 30 de edad; usa gorra y no harapos. Moreno, de complexión regordeta, se sube a los camiones armado de: su credencial de elector y documentos presuntamente médicos. Dice llamarse Melquiades e incluso da su domicilio, una colonia de Coatzacoalcos; su verborrea es pausada, con duración de unos 10 minutos.

 

Inicia solicitando disculpas a los pasajeros y, en resumen, pide una moneda que a ustedes no les haga falta porque a mi esposa le van a dar quimioterapia y es muy caro, tiene cáncer de Colon y que Dios los bendiga en su camino, muchas gracias.

 

Melquiades comienza a pasar lentamente por el estrecho pasillo atestado del autobús y, un 60 por ciento de personas le dan algunas monedas. Melquiades da las gracias en el nombre de Dios y, en la siguiente parada, se baja. Así hasta el siguiente autobús.

 

A la… vanos a decir esposa de Melquiades ya tiene como tres años que le están poniendo quimioterapia y es una maravilla –son carísimas- que, de pedir en los autobuses, salga para eso y más es decir ¿qué cantidad, diaria, recoge este individuo?, ¿por qué su mujer no se recupera de hace tres años a la fecha?

 

Los Melquiades del mundo no tienen la culpa sino aquellos que se tragan su verborrea, se compadecen y le dan dinero.

 

Por Calzadas se subía también un señor de edad que fingía lágrimas (nunca le brotaron) porque estaba enfermo y, una señora ya grande también, morena, mal vestida y de actitud altanera, hacía lo mismo por ese sector: pedía dinero porque vivía sola y no tiene para sus medicinas ni para comer. Y la gente les daba, les siguen dando, continuarán dándoles.

 

Así, como Melquiades y Compañía, viven docenas, ganan buen dinero pues, en unas seis u ocho horas “de trabajo” han de levantar setecientos pesos o acaso más.

 

La idea es buena porque estoy pensando en decirles a los compañeros de Arte  (estuvimos en una oficina de gobierno hace unos días solicitando apoyo para tomar un taller de teatro y nos mandaron por un tubo) que podemos hacer lo mismo y, Dios no lo quiera, decirle a los pasajeros que tenemos Chikungunya, o Zika (cosa de maquillarnos y temblar un poco arriba del autobús) para juntar los cuatro mil ochocientos pesos y gracias señores pasajeros, que Dios los bendiga.

 

 

 

 

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*