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HYL: pacta nueva estrategia

Gaudencio García Rivera

Bajo un escenario no halagador, desdibujado por el permanente reproche y hartazgo de la sociedad civil en contra de saldo negativo que dejará  el gobernante en turno con su fallido plan de prosperidad, el candidato del PRI a la gubernatura  de Veracruz, Héctor Yunes Landa, ha tenido que recular con algunas decisiones elementales casi consumadas para dar cabida a nuevos pactos para fortalecer y reposicionar sus propuestas con el electorado.

El abanderado priista se enfrenta al desdoro, desdén y encono de una sociedad lastimada y vapuleada por la inseguridad pública que provoca el poder fáctico del crimen organizado y a la vaporización de los dineros públicos etiquetados que fueron destinados a otros rubros no convalidados por la Federación. Hay una inacción financiera a la que ningún titular de la Sefiplan ha podido resolver y cortar el nudo gordiano.

En el arranque de la campaña proselitista –se acaban de cumplir 20 de 60 días-, Héctor Yunes se  vio rebasado en la percepción del electorado por el candidato de la oposición del PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares, su primo, por 7 puntos en una encuesta levantada antes del inicio de las campañas electorales. En el bunker de Héctor, no hay cabida al triunfalismo, a la complacencia  o al elogio avieso.

En la celebración del primer debate –serán cuatro en total-, el senador  con licencia logró superar a su adversario del PAN-PRD con las denuncias públicas de corrupción que pesan sobre él por el inexplicable enriquecimiento personal y familiar, la desviación de los dineros públicos del ISSSTE cuando fue su titular, las acusaciones de pederasta y el affaire en el que se vio involucrado en “Los papeles de Panamá” él y su hijo Omar Yunes Márquez.

Los debates, por supuesto, no sólo sirven para exhibir quién o quiénes  de los siete candidatos a gobernador son los más corruptos o el más dechado de virtudes–seis son postulados por partidos políticos y uno participa como candidato ciudadano-, sino para plantear propuestas sólidas, serias y realizables para reducir la brecha de la asimetría del endeble tejido social el estado.

En el caminar de la campaña, antes y después, en público y privado, Héctor Yunes ha dicho que no realizaría pactos de ninguna especie con el gobernador Javier Duarte–nunca fue el favorito para la sucesión-y que quienes hayan saqueado a las arcas públicos del gobierno duartista, irían a la cárcel para devolver lo robado. Pero circula la versión periodística que el candidato ha reculado con el gobernador.

En un conciliábulo con el gobernador Duarte, celebrado el sábado 16 en la Casa Veracruz a la que concurrieron los principales operadores del candidato Héctor Yunes Landa, Jorge Moreno Salinas, Ranulfo Márquez, el líder estatal priista, Felipe Amadeo Flores, el secretario de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, y en vía telefónica con el propio Héctor se pactaron nuevos acuerdos  para beneficio  del gobernador saliente y entrante y, evidentemente, cerrar filas en torno al abanderado a la gubernatura.

De acuerdo con el influyente columnista de El Universal, en su edición del viernes 22, Roberto Rock Lechón, en su texto de Retrato Hereje, narra: “Yunes Landa y Duarte, sobra decirlo, intercambiaron durante el año previo alusiones venenosas y agravios públicos, que seguramente les costará olvidar. Pero debe asumirse que para ambos sería más costosa una derrota del PRI que el gusto de una revancha sobre el otro”.

El exdirector editorial del periódico de Juan Francisco Ealy  Ortiz, deduce conclusiones de esta inesperada reunión: “El resultado del encuentro ha empezado a imponer un viraje en la correlación de fuerzas que hasta hace apenas unas semanas parecía anticipar por vez primera una alternancia partidista al frente del estado. A este cambio de señales colabora también la fragmentación y debilidad exhibida por el bloque opositor PAN-PRD”.

El epílogo de esta junta emergente, tuvo su desenlace en la integración del nuevo listado de candidatos a diputados locales, entre los que se incluyen los personeros incondicionales de Javier Duarte, como es el caso de Juan Manuel Castillo y la exmunícipe Ana Rosa Valdés, así como otros personajes allegados al exgobernador Fidel Herrera.

El candidato priista a la gubernatura se vio rebasado por el poder de la singular cleptocracia para no desasear la campaña proselitista y llegar el 5 de junio con una ventaja insuperable ante sus cercanos adversarios de la oposición. ¿Ganarán los delfines duartistas y fidelistas las diputaciones? Esa es otra historia. Comentarios a gau41@hotmail.com

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