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ESCUCHA

Por Luis A. Chávez

 

¿La lucha de los partidos políticos, de todos ellos, es tu lucha? ¿Qué magnitud mayor de desgracia quieres para darte cuenta que todas esas desgracias sí te afectan y se repiten una y otra vez?; y cuando acaso llegas a darte cuenta de los daños, sabes perfectamente que ya es demasiado tarde, el daño está hecho por otros seis años más. Tu forma de actuar es manejada, manipulada, tú no decides por ti, son ellos los que gastan millones en manipular a las masas, masa alineada, condicionada, débil, en la que te encuentras tú desde hace mucho. Colonizado de tu propia mente, tienes que replantearte, reflexionar, seriamente, cómo puedes salir de ese estado en apariencia inocuo. No es así: dentro de ti han sembrado propaganda, promesas, anhelos que al paso del tiempo las ves convertidas en mentira, en vil engaño.

¿Entonces por qué razón vuelves a votar por ellos?, ¿te das cuenta a qué grado de manipulación te han llevado? Incapaz de ser tú mismo, de decidirlo que tú consideres, más adelante protestarás –esto es increíble- de aquello que, hoy, tú mismo provocas.

¿Cuándo despertarás?, es la pregunta, cuándo, por fin serán libre. Libre de que te digan lo que tienes qué hacer, por ti, por tu familia, por tu hogar. Pareciera que tus propios hijos no te importan y, con “tus decisiones” (que no son tuyas) los llevas al siguiente desastre donde, quejarte, no servirá de nada porque al insistir en tu error estás dándole cabida a toda la injusticia que, más temprano que tarde, volverá a ocurrir delante de ti. Tanta corrupción, tanto saqueo y tú, impotente, como “despertando” a una realidad que bien podrías hacerla efectiva.

Y vuelves a, esta sí, tu verdadera batalla, tu cotidiana guerra para obtener lo más honradamente posible un pan para los tuyos. Y te partes el alma…y te quejas.

Esas campañas no son, definitivamente, tus batallas; esos conflictos donde ellos mismos hacen públicas sus fallas, te avisan ya de cuál es la actitud de los que dicen van a cumplir contigo, con cientos, con miles, con millones es decir, la lógica, la obviedad, lo hace imposible: ¿cuántas de esas promesas has visto ya cumplidas?, ¿acaso vivir hoy no es más difícil que ayer? Y sin tranquilidad ni paz, sigues sumándote a esos acarreos, asistes para desgañitarte en vilo, levantar mantas, unirte a un coro para gritar “Victoria”…

No, definitivamente, ese, ya no eres tú. La verdadera batalla está dentro de ti, para que cambies y sepas y puedas decidir sin que te digan qué hacer.

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