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ENTRE LA BROMA Y EL ESPÍRITU CHINGATIVO

Por Luis A. Chávez

 

El que se lleva se aguanta, dice el refrán y, entre la idiosincrasia nacional, es muy común el “güey” como alusión a pendejo. En los estados del norte la mentada de madre alcanza definiciones de tabú o, al menos no como el sureste de Veracruz donde se utiliza igual que un saludo; aquí se concentran buena parte de esos epítetos que decrecen en profusión en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, se utilizan pero no veinte o cuarenta veces al día. Independiente de ello está la baja estima, fortuita e inmediata, en que tenemos a los demás y peor, si esos demás destacan en algo; lo sabemos de manera directa, personal: al obtener una beca, una distinción, un premio (como haber sido traducido al francés o ser invitado al Primer Encuentro Iberoamericano de Mini ficción en la ciudad de México) nadie, absolutamente nadie, te felicita; “compañeros” de radio ni de prensa jamás lo han hecho, y bien que se enteran del suceso, porque eso es algo que les lastima, les incomoda, les duele.

Se pretende ser buen escritor pero se pretende, también, encontrar a un buen lector. No los hay o, son muy pocos.

Un buen lector debe tener cultura y, sobre todo respeto porque si un texto X no le gusta, lo más simple que puede hacer es darle vuelta a la página, y continuar con su vida. No, aquí tenemos un problema, y grave: ante la obra publicada, a docenas de individuos (aparte de la envidia ya dicha) les nace, de inmediato, la agresión, violentar con disparatados comentarios el texto; como si en ese destruir y hacer mofa por medio de burletas constantes –comparaciones ridículas e infantiles así como alusiones fuera de lugar- quisieran regresar, en el bote, al cangrejo que ven que sube.

Esa actitud burlona es una y otra y otra vez. No se cansan de golpear, de querer ridiculizar, de mencionar tontera y media ante el texto que, probablemente, no entienden pero “algo” les dice de un diferente alcance en lo que acaban de leer y, es su ignorancia, la que los defiende de algo inentendible donde, su muy poca cultura, acaso se ha visto minimizada, agredida. El que escribe no lo hace, jamás, con esa intención absurda, criminal; el que escribe lo que pretende es unir.

El buen lector, lo doy por hecho, no existe. Si acaso, de 100, habrá unos seis. Muchas gracias a esos seis.

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