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¿EN QUÉ TE PERJUDICA?

Por Luis A. Chávez

 

Llegar a viejo, y seguir…tontejo, es una de las abominaciones más execrables del, vamos a decir, ser humano. Hay personas que, sin preguntarles, te sorrajan a boca de jarro que “ya los han antologado en Tombuctú, Finlandia y Yom Kippur (tú no les preguntaste nada, pero se mueren por decirlo “y no es que te estén presumiendo”, así te dicen semejantes burros) cuando que, hoy, algunas editoras antologan hasta a un perro a cambio de una lana.

En el mundo cada quien hace su lucha a como mejor considere, aparte de que relaciones y chamba es chamba, es otro asunto pues bastáranos ver la CALIDAD de un producto para ver si, esa, es la finalidad buscada o bien decirle a los envidiosos –hipócritas además porque denostan de ti y te buscan la cara- que, si ya son tan “instruidos”, busquen en el diccionario las palabras Amanuense, Padrino, Patrocinio (ya no Amistad) para darse cuenta de los resultados de allá cada quien con su esfuerzo.

Es la falta de quehacer, de estos MEDIOCRES (escriben un amontonamiento de palabras que sólo su progenitora ha de entender) lo que les hace fiscalizar centímetro a centímetro la vida y obra de los demás porque la ENVIDIA les corroe el alma, independientemente de que uno, ¡hace años! ya los ha olvidado.

Y los ha olvidado por su aporte es nulo y, su alma putrefacta, incapaz del reconcilio y sobre todo el RESPETO a los demás les hace su amargo diario motor de subsistir odiando e, incapaces de edificar, imitan, tratan de destacar (nunca lo lograrán, y lo saben) y su presencia, despreciada por todos, es una pestilencia social insoportable.

¿En qué les perjudica si ya Juan o Pablo o Pedro obtuvo una bicicleta, un premio, un pantalón de parte de otro?, ¿acaso el envidioso le da de comer a Pedro, a Pablo o a Juan?, ¿el envidioso los mantiene?, ¿les pasa una pensión?, ¿se ocupan de ese envidioso vulgar y corriente con ínfulas de Divina envuelta en huevo? Y la respuesta es no, definitivamente no: nadie, en lo absoluto, lo pela y eso, ha de doler bastante.

Pero insisten en agredir, molestar, sacar a flote el excremento de que están hechos y continúan golpeando a la menor oportunidad porque su trauma, sus límites, son tan grandes los primeros y tan enanos los segundos, que son incapaces de estar en paz a como los demás lo están: construyendo, viajando, escribiendo, publicando, no importa de donde venga que, al menos “antologados” (pagando una buena lana de por medio) eso jamás. Pobres seres, “ilustres” pero sólo por su maldad que les corroe el alma.

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