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El invisible a visible Duartegate

PLANA MAYOR

El increíble mundillo del escapista Duarte Houdini.

Gaudencio García Rivera

El asombroso e impactante Duartegate que fue invisible para el primer círculo de la clase gobernante de Los Pinos desde los primeros años de la naciente gestión de EPN, tienen una percepción e impresión equivocada de la sociedad civil y de los ciudadanos de a pie en Veracruz.

¿Ingenuos, miopes, enfermos mentales o con síndrome de Alzheimer? Están equivocados. En el pecado llevan la penitencia. El Duartegate se empezó a construir desde la transición del padrino Fidel Herrera al ahijado Javier Duarte que dejó una deuda injustificada y creciente y, se convirtió en una bola de nieve en el actual régimen hasta convertirse en una gigantesca hidra de corrupción insoportable.

En 2011 el Duartegate era toda una realidad en tiempo real. Los famosos moches empezaron a hacerse patente en todos los círculos y cofradías del ahora caído gobernador con licencia JD. Del diezmo, pasó al 15, 20, 25 y 30 por ciento de los moches para poder sobrevivir con las licitaciones públicas o convenios.

No hubo alma mortal que se salvara de la corrupción para poder cobrar el rezago de pagos por actos lícitos. Javier Duarte ordenó a la sumisa bancada del PRI y a su entonces líder de la LXII Legislatura local y socio del saqueo, Jorge Carvallo Delfín —hoy diputado federal y frustrado aspirante a la gubernatura de Veracruz—, tapar legalmente todos los caminos de la millonaria deuda ilícita que dejó Fidel Herrera.

Desde 2011 para acá el Duartegate era y fue toda una realidad. Las llamas del infierno concatenaron la descomposición social. Visible para la sociedad civil, sectores productivos del estado y ciudadanos a pie, pero invisible para el primer círculo de Los Pinos. No había oídos a los agravios  y oprobios que clavaba a los contribuyentes el gobierno duartista.

El imperio de la ley, el orden, la deontología y el aseo de la función pública era de “dientes para afuera”. En repetidas ocasiones la titular de una oficina pública ofreció cubrir el rezago de pagos de 2011 a proveedores en efectivo por 3 meses, sin IVA y sin factura, pero el resto continuaba en trámite de pago.

Para 2015 el efímero titular de la oficina pública ofrecía a los proveedores del adeudo rezagado de 2013 y 2014 un finiquito del 20 por ciento; algunos lo aceptaron a regañadientes ante la crisis económica que golpeaba el bolsillo familiar; otros, en cambio, lo rechazaron por ser un oprobio, un acto al margen de la ley y el orden que, curiosamente dosificaba en sus discursos y restregaba el hoy prófugo de la justicia a la sociedad civil.

Por desgracia,  el doble discurso, simulación, actitud moralina y prevaricación fueron la suma ilícita que venía haciendo Duarte y su horda desde la asimetría del poder público, con la complicidad abyecta del orondo líder de la LXIII Legislatura local, Juan Nicolás Callejas Arroyo, y la mayoría de las bancadas de oposición que hoy se curan en salud. Fueron cómplices del omnipotente Tlatoani con licencia.

Veracruz se convirtió en un estado disfuncional con justificaciones incongruentes del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong —no se intervino antes por el conflicto postelectoral, se justificó— y del propio presidente Peña Nieto, cuando en realidad hay un pacto no escrito de proteccionismo con todos los gobernadores priistas que aportaron su mesada millonaria —del erario público, pues— para fortalecer la campaña presidencial de 2012.

Con toda la sevicia y exacerbación social el crimen organizado se convirtió en el rey del cobro de los impuestos desde el Pánuco hasta el Tonalá, con la consigna bárbara de “coopelas o cuello” ante la omisión o comisión de los altos círculos gubernamentales. Sí el crimen se engalló fue porque penetró las esferas del poder público.

Haberse echó visible Los Pinos, vía Secretaría de Gobernación y la PGR, ha sido tardío y execrable, tras haber caído el  ahora prófugo de la justicia y autor intelectual del Duartegate, Javier Duarte, porque originó un tsunami económico que paralizó a todos los sectores productivos del estado con una deuda de 11 mil 400 millones de pesos y un desvío de 35 mil millones de pesos del erario público.

¿Por qué tanta indolencia con Veracruz, presidente EPN? ¿Qué diantres le hicimos los veracruzanos para que nos trate en forma excluyente de su férula? Si el autor intelectual del Duartegate le falló en su pacto, en sus acuerdos inconfesables, aplíquele la ley y atrápelo antes de que se fugue del país, como lo haría con aquellos que sólo se roban “un frutsi y dos pingüinos (…)” en Veracruz.

Se equivocan quién o quienes piensan que la sociedad civil y los ciudadanos son ingenuos, miopes o descerebrados. La fuga de Duarte fue concertada, además de presunto cleptómano, resultó cobarde. No sería nada raro, que su compadre del alma y amigo, Emilio Gamboa Patrón, líder de la bancada de la Cámara de Senadores, quien le bautizó el chiquito en Tlacotalpan, haya sido uno de los maquinadores del increíble escapista Duarte Houdini. Comentarios a gau41@hotmail.com

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