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CUANDO PEMEX “ERA NUESTRO”

Por Luis A. Chávez

 

Trabajé poco más de quince años en la refinería General Lázaro Cárdenas, de Minatitlán. Mi departamento fue Tubería, mismo que labora codo a codo con el de Soldadura. En esos quince años donde tuvimos incontables reparaciones de mantenimiento en casi todas las áreas de la empresa, pude darme cuenta tanto de la alta capacidad de los soldadores como de su justificado celo ante trabajos de riesgo; ellos manejan fuego en sus sopletes, generan chispas, disponen de tanques de oxígeno, acetileno y otros, de manera que su experiencia era una garantía al entregarse las órdenes y, al llegar al sitio con sus equipos y ayudantes, inspeccionaban el lugar antes de emitir una sola flama y, si los preparativos de Inspección y Seguridad no eran los correctos, recuerdo el inmediato reclamo de los soldadores como, de la misma manera, las indicaciones para que ese lugar fuera lo más hermético posible al fuego. Se hacían las pertinentes modificaciones y, volviendo una vez más a cerciorarse de que ahora sí podían soldar o cortar, daban comienzo a su labor de riesgo así fuera al nivel del piso o en el elevado tren de líneas es decir, cuidaban su integridad como la de los demás y, en mi caso personal, les agradezco ese cuidado que, siempre, anteponían antes de emitir una sola chispa de sus equipos.

El subjetivo patrón estaba en manos de experimentados trabajadores especialistas expuestos a los inminentes peligros que hay en todo sitio de trabajo. Aquella era una línea directa de “pertenencia a un jefe”, al igual de la cobertura, quiérase o no, del sindicato es decir, era muy corto el camino en caso de alguna discrepancia y, más corto, para resolver muchas veces en el mismo sitio, desavenencias que tenían qué ver con algo vital, fundamental: la seguridad física. Por su parte, el equipo de ingenieros sabía perfectamente que la última palabra en cuanto a evitar accidentes les pertenecía a los soldadores y no alegaban mucho en este sentido, se hacía lo que los soldadores indicaban. Todos los trabajadores de planta eran conocidos por el sindicato, el personal de las compañías no marcaba todavía su multiplicada presencia en las áreas de refinería que, en general en todos sus talleres como de la misma manera sus planteros de guardia, conocían a la perfección su trabajo y, todos, dispuestos a escuchar instrucciones de sus compañeros cuando iba en riesgo la vida. Fui testigo directo de ese sistema y conducta de labor y, a pesar de pequeños incidentes que nunca faltaron, muy pocos percances de magnitud extrema, como la de Clorados ahora, en Pajaritos, padecimos.

Tal vez porque eran otros tiempos, el patrón era uno sólo y, además, sabía entender de razones.

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