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CLASE POLÍTICA ENFERMA

Por Luis A. Chávez

Más de medio siglo tiene en nuestro país la caterva (grupo grande de personas, animales o cosas que se consideran despreciables o de poca importancia) descastada, desvergonzada, impune, ladrona, criminal, enferma (se le extraña, don Jesús Martínez, “Palillo”) que poco a poco –tal vez con Ávila Camacho- fueron consolidando una verdadera mafia para enquistarse en el poder, sitio que a base de asesinatos viles incluso (Colosio), de engaños, trucos, “caídas del sistema”, van heredando a sus favoritos la silla presidencial a como antes se acostumbraba por medio del llamado dedazo y, las “elecciones” fueron como hasta hoy puro formulismo, sólo teatro. La alternativa política en México, amén del bravo y frontal resurgimiento de guerrillas (EZLN, última muestra formidable, 1 de enero de 1994, en Chiapas, más anteriormente Lucio Cabañas, Genaro Vásquez Rojas) patentizan el hartazgo ante tantas injusticias y derroche de esa mafia enquistada en el poder al que el escritor Vargas Llosa tachó de “dictadura perfecta”.

Sin un Proyecto de Nación, salvo los suyos personales para enriquecerse de manera enfermiza, duarte de ochoa, por ejemplo, hoy en fuga, desde hace mucho esa clase política a la que en dos ocasiones le han arrebatado el poder y de poco sirvió (un borrachito, primero, y luego un ranchero atravesado) continúa sin cambiar un ápice mientras la nación se hunde cada vez más. En el extranjero se ha catalogado a esa bola de parásitos, los diputados y demás lastre, esa escoria desfachatada y vil, como “corruptos carísimos” a los que de nada sirve que, México, tenga tantísimos recursos naturales mientras su ejército, ahora más que nunca, insiste por medio de su titular que “es mejor retirarse a los cuarteles” es decir, dejar a la de por sí indemne población mexicana, a merced. Podría resumirse entonces que la continuidad de errores y raterías es definitivamente una alta traición a la patria. De otra manera no se concibe el actual deplorable estado de cosas, tantísima pobreza y delincuencia, que padecen millones de familias trabajadoras, honestas.

Todo al que colocan en determinado puesto político, sea hombre o mujer, mayormente llega a robar, aunque sea poquito, es decir, padecen de una grave enfermedad donde el valemadrismo, la hipocresía, la mentira, tiene a México desde hace más de medio siglo, postrado y, lo peor, la situación empeora; pero es el ciudadano común el que, a su desidia, su apatía (y luego se queja) al recibir vales de despensa, pollos (como ahora en Minatitlán, hace unos días), tortas, vales de gasolina, se acreciente esta perra suerte que arrastra el país y no tiene para cuándo terminar.

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