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Chuleta de Iguana: RECUENTO DE ÉXITOS PERSONALES

Por: Luis A. CHÁVEZ

 

iguanitaNo soy de aquellos que “aprenden de sus fracasos”: vuelvo a cometer las mismas pendejadas de siempre una y otra vez y lo admito. La llamada “escuela de la vida” es otra estupidez que no pasa de una frase (en la escuela de la vida sólo hay vicios y gente maloliente; supérate a pulso si quieres, pero antes, deja la pereza: aquel que comience hoy a vender una caja de tomates en la misma esquina, dentro de 10 años tendrá su propia flotilla de camiones, es decir, si no eres constante en lo que haces, que te vaya peor).

El éxito, ¿qué es el éxito?, ¿creer que ya se está muy por encima de todos los demás?, error. John Lennon fue abatido en la cumbre del éxito por un imbécil. Todo éxito debe de ir acompañado de Humildad, pocos lo hacen (la ven tan jodida, tan corriente; yo la vislumbro de vestidito rosa, calcetas, chanclas y chaparra). Procura no asociarte con nadie – ¡menos con los de tu familia! – pueden matarte por unos cuantos pesos; organízate tú solo, desayuna solo, come solo, cena solo. Tu Proyecto de Vida no necesita de vejigas para nadar… ¿o sí?, ya te jodiste. Y ya cuando puedas, ayuda a otros (plan con maña) pues nunca se sabe cuándo los vas a necesitar: acéptale un taco a los albañiles o cómprales unos; saluda a los obreros, míralos a los ojos, ponles una mano encima de sus hombros, sonríeles. Cuando las clases bajas se unen, son bastante destructivas, tenlo en cuenta.

He aquí algunos de mis pocos éxitos personales.

Ocho años de edad: logré, por fin y de entre todos mis demás compañeritos, asestarle una pedrada al sapo al que nadie le podía atinar.

11 años de edad: cuarto año de escolaridad primaria y, “a la salida nos vemos”, logré romperle la nariz a Higinio (sangró bastante).

12 años de edad: Lupita (una niña que tenía la pésima costumbre de escupir a todos lados) dijo que sí quería ser mi novia (duramos una semana).

16 años de edad: un periódico local publicó, por fin, uno de mis vamos a decir poemas (horrible).

Veintitantos años de edad: conocí a Rebeca.

Como verás, han sido pocos mis éxitos que, para otras personas, no lo son. Pero aprender a estar en paz, no cualquiera lo logra.

 

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