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Chuleta de Iguana: MI ESPÍRITU

Por: Luis A. CHÁVEZ

 

iguanitaLlega la muerte y no hay ni para donde hacerse, no importa que no hayas desayunado.

Se dice que ante su irrebatible presencia (que los demás no ven, pero ya la verán y eso nos da mucho gusto) aparecen primero aquellos que se fueron antes, no le hace que se hayan ido ayer, sin despedirse. Es terrible. A medida que no la hora – ¡imaginemos lo que se podría hacer en una hora!, es decir, hasta este momento admitimos lo que valen 60 minutos- sino los segundos, que van contando y se terminan, uno ya es un cero a la izquierda a pesar de las malditas teorías de que “un cero a la izquierda sí tiene valor”. No, en estos casos de moribundez (y más con la lengua de fuera) nada hay por hacer; ni quejarse al Ministerio Público (menos si no llevas dinero), al Ejército, nada, te mueres, punto.

Segundos en donde te acuerdas que tu vida, dicen, pasa completa como en ráfagas, a color y sonido estereofónico (ahora son pixeles, gigas, pero eso estaría por verse y más si tu vida ha sido un malware o tonteras de esas). Y esperas, haces un espacio en tu agonía para disponerte en primera fila a ver tu vida, cosas que ni te acuerdas y te serán reveladas en este tan inconmensurable instante (como aquellas tardes donde jugabas al doctor con tus primitas) …pero tu vida no marcha frente a ti, en tu camastro agónico donde los estertores son debido al paso de vehículos pesados en la carretera a pesar que le dijiste a tu hijo que no querías irte a vivir ahí, ¡y aquello es una brincadera todo el día!

Por fin te mueres, ahora sí, se te llegó la hora. Por supuesto no te quieres ir, a menos que debas al Banco y a una tienda departamental que no dejan de acosarte por teléfono; el Tiempo entonces se llegó. Salen como decíamos aquellos, los espíritus que se adelantaron: vienen deseosos para reclamarte, con Pagarés que nunca liquidaste, tal vez una muchacha en traje de novia, en fin, ya tú sabrás, y uno de ellos dice: “vámonos, no te resistas”. Tú respondes.

– ¿No será un bajón de azúcar?, dejen checarme, espérenme tantito allá afuera.

– ¡Ya, vámonos, idiota! – dice otra voz.

Y te incorporas, lentamente como en las películas, para ver tu cuerpo.

– Oigan- dices- pero que mal estoy; ese short no me queda y esa camiseta tiene agujeros; además es de un equipo al que nunca le he ido…

– Te vas o te quedas- dice una voz.

– Me quedo- dices tú- hasta crees- dice la voz, y zas, te vas.

 

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