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Chuleta de iguana: LA LIBERTAD

Por Luis A. Chávez

 

Al tener como habituales ciertos dones, el ser humano les resta importancia; el sentido de la vista, por ejemplo, a mi juicio el más preciado. La libertad es un estado que nos permite el libre tránsito y es hasta cuando la perdemos que nos damos cuenta de su altísimo valor.

Nunca hemos pisado una cárcel (no perdemos la fe) y en los pocos momentos que hemos entrado a una prisión, sea por tomar notas periodísticas u otros, déjeme decirle que “el ambiente”, la energía, la vibra, es pesada. Uno desea salir de ahí cuanto antes, y cómo no, si se le ha privado al individuo de su más preciado tesoro, que hasta ahora valora, y mezclarse con toda suerte de delincuentes, tenerlos tan cerca, es ya una carga que, en datos como El Apando, Papillon o La Isla de los Hombres solos, quienes los haya leído o visto, sabrán de los horrores a como en el antiguo Palacio Negro de Lecumberri, hoy Archivo General de la Nación, se dieron en su espantoso seno toda mala suerte de sucesos: estar en la cárcel es lo peor y los túneles, las fugas, los intentos por salir de ahí, los planes constantes de escape, señalan del infierno que se vive pues la mafia interna (de la que nunca saben los directores de los penales) ejerce férreo control a cargo de reos sumamente peligrosos, asesinos en potencia que regulan la sumisión total de los internos a base de amenazas cumplidas, golpizas y cuando no suicidios. En una cárcel, que nunca serán “centros de rehabilitación” sino al contrario, se le cobra al interno hasta por un pedazo de cartón para dormir.

Desmenuzada cuenta, testigo fehaciente de todo lo anterior y acaso más, es flavino ríos alvarado, quien gracias a sus amistades pisó la cárcel brevemente y la sentencia de arresto domiciliario ha sido quebrantada por el susodicho, es decir, ni “la libertad” circunscrita a su casa le fue soportable y el sujeto tuvo que salir a respirar el aire de la calle pues tanta televisión aburre, cansa: la libertad, sí, tesoro muy preciado por el hombre, el hombre, no el reo como lo es flavino y cuyo estigma se llevará definitivamente a la tumba: presidiario.

Libertad, Igualdad, Fraternidad, consigna francesa.

La casa ahoga, las paredes asfixian, aunque sea la misma casa propiedad; nada como la calle, la gente que se engañó y mintió vilmente, personas que en su momento no importaron, sino hasta ahora. Niños, ancianos, obreros, estudiantes, amas de casa, perros callejeros, vendedores ambulantes… todos esos que flavino ríos despreció, ahora para él sí tuvieron relevancia.

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