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Chuleta de Iguana Darle de patadas al pesebre

 

DARLE DE PATADAS AL PESEBRE

 

 

Por Luis A. CHÁVEZ

 

 

Chuleta de Iguana.

Chuleta de Iguana.

Tómese un pesebre donde está el niño Dios y dele usted de patadas, a ver si se atreve.

 

No es tan sencillo arremeter en contra de donde está “lo sagrado” es decir, la simbología nos dice de una superioridad nos guste o no, de una jefatura muy por encima de nosotros.

 

No es defender el asunto, es que se trata de algo delicado donde, la prioridad, es comer aunque sí tiene solución: largarse de ahí, no pertenecer a esa mafia y buscarle por otro lado.

 

Pero resulta que “por otro lado” la situación es más ardua, de manera ¿qué hacer? Y por eso, algunos, se aguantan.

 

Lo peor es que, perteneciendo a esa mafia, a ese pesebre, es que tomemos parte abierta y decidida por los mafiosos que componen esa red; nuestra vergüenza y honor personales son afectados de manera directa al estar coludidos en cuerpo y alma a semejante barbarie, eso es lo que se nota más y no se admite, aunque, además, cada quién es libre de pertenecer al grupúsculo mafioso que más le parezca.

 

Por supuesto hay estoicos, aquellos que padecen mucho a punto del mártir y, soportan todo tipo de carencias. Estos nos merecen admiración, respeto.

 

Si se patea al pesebre es de jurar que, casi de inmediato, se tomen represalias en contra, y es obvio: a nadie le gusta que le digan sus verdades.

 

Una cosa es cierta. Mientras el niño Dios siga cubriendo, protegiendo, dando a los que tiene a su servicio, aquellos si no lo idolatran al menos tragan camote y, de sonrisas para afuera, le dan el avión, le dicen que sí que está bien y bla bla bla.

 

Pero apenas perdiendo el niño Dios, el jefe, su poder, hasta ahí llega la “lealtad” o sea hablamos de una hipocresía, una fidelidad que estuvo sostenida con alfileres mientras el mafioso jefe se larga huido a Europa (de tarugo se queda en la localidad) a disfrutar sus millones. ¿Y qué fue de sus “leales?”, en la chilla, otra vez, de nuevo, a buscar otro patrón para decirse fieles.

 

¿Se puede trabajar en un pesebre sin inmiscuirse mucho? Claro que sí, guardar distancia dígase de respeto al menos y que puede bien ser un mutuo entendido para laborar de acuerdo a la capacidad, al talento de lo que se aporte sin tener que caer en la vendimia del honor: yo te doy esto pero no me meto en tus asuntos pues mi trabajo no tiene por qué prostituirse, punto.

 

 

 

 

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