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Chuleta de iguana: BOLETIN INFORMATIVO

Por el reportero Luis A. Chávez

 

El día de ayer aproximadamente a las cinco de la tarde con cuarenta y tres minutos, en conocido y lujoso restaurante de nuestra ciudad, el ni todavía precandidato, Juan de Las Pitas González, de manera extraordinaria y efusiva estornudó ante la presencia de distinguidos concurrentes a la conferencia de prensa que festejaron tan feliz imprevisto. El ni todavía precandidato Juan de Las Pitas, agradeció en medio de muestras sinceras de camaradería y entusiasmo, las alegres formas en que le fueron patentizadas las frases, dichos, palmadas en la espalda y, en especial los interminables “salud” que, ante su estornudo, fuerte y lleno de vigor, por cierto, hizo que, de manera espontánea también, la concurrencia festejara el imprevisto que a todos nos puede ocurrir. Fueron muchos los pañuelos y servilletas que se extendieron al ni todavía precandidato Juan de Las Pitas para, en indestructible muestra de solidaridad absoluta, apoyarlo en tal momento que, para algunos, cabe mencionar, estornudar es de cierta incomodidad, pero no mucha. De inmediato, el estridente y, ya se dijo, vigoroso estornudo, grabado en audio y video, en ese mismo instante fue subido a las redes electrónicas donde también inmediatamente recibió infinidad de “likes” y comentarios, todos ellos, de beneplácito y deseos de salud para el ni precandidato Juan de Las Pitas quien, conmovido, agradeció a todos sus buenos deseos y sus comentarios. Cabe mencionar que, hace una semana y de paseo por el parque de nuestra ciudad, a la esposa del ni por ahora precandidato se le cayó el elote de la mano, pero con una gracia y distinción que jamás habíamos visto y, también, inmediatamente, fueron cientos de personas que le compraron a la señora hasta tres elotes (con todo: mayonesa, chile, limón) e infinidad de vasos de esquites agradeciendo la esposa del ni por ahora precandidato, las atenciones recibidas con una sonrisa genial que ya le es característica pues se nota que le sale del alma ya que, de la misma manera, sonrió a los ahí presentes a como es su plausible costumbre de obsequiar un rostro de lo más gentil y amable. Ella y su esposo, el ni precandidato Juan de Las Pitas, se retiraron del lugar no sin antes acariciar dulcemente los cabellos de algunos niños en el parque.

Hasta aquí la información.

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