Ultimas Noticias

Chuleta de Iguana: ¿BAILAMOS, SEÑORITA?

 

 

Por: Luis A. CHÁVEZ

 

 

iguanitaTodos, poseídos de un vigor cuando no agresivo sí insultante, elevamos el nervio de la voz (una metáfora) a los ilusos términos de eternidad juvenil sólo por ser, en esos tiempos, groseros: cualquiera de nosotros se tragaría el mar de un buche o apagaría el infierno a eructos. Es cierto, hay un lapso donde se rinde el mundo a su juventud de barro, con todos sus defectos y un acierto cada tres o cuatro años porque, sencillamente, la juventud es así.

Nada a semejante edad -17, 18 años- hace temblar a un muchacho, salvo el gran enemigo mayor: las muchachas.

Y allá íbamos, pensantes y por nuestro interior de puntitas. Les teníamos miedo.

Pero la prueba, al fin jóvenes, había que pasarla y lo peor, con luz y delante de todos, esos todos que sólo tenían la mirada puesta en nuestros movimientos (creíamos) cuando al acercarnos en el baile a la mesa donde se congregaban ellas, con nuestra mejor sonrisa tendíamos la mano y: “¿bailamos, señorita?”…

Ellas, orondas y tranquilas, despóticamente sonrientes, aleccionadoras, criminales y frías, nos volteaban a mirar apenas y, con una tranquilidad pasmosa, nos decían: “no, gracias”.

Nunca hubo mayor crueldad en el mundo y por eso las sigue castigando Dios, a todas ellas.

Porque el muchacho, con la colita entre las patas, con una sonrisa torcida a medio rostro, tenso, humillado, impávido, volvía al lugar de los amigos que, entre risas y burlas, echaban sal a esa herida. Lo peor, que las muchachas de la mesa negativa, se reían, cuchicheaban entre sí aquel triunfo. Deseábamos un tren lleno de migrantes y ellas a media vía sin poder correr, y que les pasara encima el tren.

Pero jamás pasó ese tren y, la verdad y qué bueno, a muchas de ellas sí se les fue y esa es la Gloria que nos queda, el festejo de recordarles hoy (ya son abuelas): “usted me dijo que no cuando la saqué a bailar, que bueno que no encuentre un buen tinte para seguir pintándose el pelo”.

Queríamos que nuestros diputados hicieran a este respecto leyes y, dispuestas esas leyes a la entrada y en el interior de los salones de baile, se leyera: Queda estrictamente prohibido, so pena de 12 meses de cárcel o multa de mil salarios mínimos, decirle no a los muchachos que saquen a bailar a las muchachas”. Pero ni en eso nos cuida este pinche gobierno.

 

 

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*