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BOMBOM I

Por Luis A. Chávez

 

Dice la leyenda que la princesa Caramelo no quería vivir con el rey porque a este, en vez de pelo, le brotaba pura miel. Sin embargo la princesa no cantaba mal las rancheras y a pesar de que ninguno de los dos era diabético, ella tenía lo suyo; por fin aceptó y mando a su paje, Pirulí, a decir por fin que sí lo que provocó que el marqués de Piloncillo, mayordomo del castillo, limpiara el edificio con la lengua y aquí, ya va saliendo el peine. Esa noche, después de la boda, el rey (tapándose la cabeza con una pañoleta bien apretada) tocó a la puerta de la recámara de ella puesto que desde un principio la princesa le había dicho lo empalagoso que era y mejor se iba a dormir aparte; además tenía migraña y el estómago revuelto, pero nosotros ya sabemos que eso es pura mentira: así hacen cuando no quieren porque igualito le pasó al primo de un amigo mío.

-Toc, toc, ¿se puede?- dijo el rey,  monarca con el que, definitivamente, nos solidarizamos en este momento.

-¿Quién es?- respondió la princesa que, a esa ahora, se depilaba las piernas.

-Soy yo mi amor. ¿Ya estás mejor?, te traigo Pepto Bismol.

-Aysh- dijo la princesa- y ahora qué hago.

-¿Mi amor?, déjame entrar; también te traigo un té batido con leche.

-¿Un qué?- preguntó la princesa, pues aquello no le… sonaba bien.

-Un té, un té batido con leche. Abre mi cielo.

Por fin, no quedándole de otra, la princesa abrió la puerta.

-Pasa, azucarado- dijo la princesa pensando que, al mal paso, darle prisa.

No tiene caso resumir… (esto de…resumir, a nosotros ahora no nos suena bien)…pero, adelante, tenemos que continuar con la historia; el caso es que, por fin, el rey de chocolate con nariz de cacahuate se quitó la ropa –la princesa dormía siempre con una tanguita, misma que el rey se la quitó a mordidas- y aquella, es decir la princesa, se tendió dispuesta boca arriba. Y mientras el rey se preparaba para dar inicio, primero, a cierta práctica que, nos han contado, dicen a ellas les fascina y les pone los ojos en blanco, ella cerró los ojos para pensar en ese maldito negro marido de una de las Kardashian.

El rey de chocolate, afanado en su tarea de dulzura –los gritos de la princesa se oían hasta Paso del Macho- al terminar esa etapa, vio que, a ella también, “le brotaba pura miel”.

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