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Arroyo y Sosa: de la mano del Duartegate

PLANA MAYOR

“Aurum firmissimas setentias mutat”. El oro cambia las más firmes opiniones. 

Gaudencio García Rivera

El avance de las investigaciones de la PGR en el controvertido Duartegate, ha dejado estupefactos a los apologistas y zalameros de la clase “política” duartista y, tal vez, a los altos círculos de Los Pinos, por todo el hedor que está saliendo de la caja de Pandora. Pero acá.

Acá en el mundo terrenal de la sociedad civil y de los ciudadanos de a pie no están asombrados ni atónitos. Más bien, hay una irritación o exacerbación popular porque desde el principio del régimen estatal demagogo y asimétrico se documentaron los abusos de poder, indolencia y patología por el poder público de Javier Duarte. Pero nadie escuchó.

En Los Pinos, en las secretarías de Hacienda y Gobernación se hicieron invisibles a las múltiples denuncias y quejas de los extravíos, delirios y omnipotencia que desplegaba en forma oprobiosa el gobernador con licencia y hoy prófugo de la justicia, con la excepción de la Auditoría Superior de la Federación que le llevó un récord de sus desvíos. Era  evidente su patología del síndrome  de Hybris.

Las empresas fantasma en Veracruz son apenas la punta del iceberg. Los protagonistas, una especie de la Cosa Nostra a la mexicana, volaron por las nubes más altas contaminados por el padecimiento de Hybris – según el autor del libro “En el Poder y en la Enfermedad”, David Owen-, se describen como “faltos de mesura en el ejercicio del poder público”.

Esto significa, dice Owen, que los políticos  son dados a promover  el nepotismo, el amiguismo y el influyentismo. Estas prácticas son propias de quien padece lo que también se denomina coloquialmente “borrachera del poder” o “Síndrome de Hybris”.

Pero el Duartegate que creó Javier Duarte para desaparecer 35 mil millones en el inició en su deteriorada y convulsa gestión, no sólo atañe al Poder Ejecutivo sino también tuvieron un papel relevante los titulares de los poderes Judicial y Legislativo. Son corresponsables porque sin ambages y pudor le aprobaron todos los proyectos o propuestas de ley.

El desastre social y el estado disfuncional que levantó el Duartegate les resulta responsabilidades al coordinador de la Junta Política de la LXIII Legislatura local, Juan Nicolás Callejas Arroyo –cacique magisterial del SNTE Sección 32, gracias al protectorado de la caída exguía espiritual nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo-, por aprobar sin ton ni son todas las líneas de crédito del gobernador con licencia que no aparecen soportadas, ni destino.

La mayoría de los diputados del PRI y de oposición sin medir el impacto en los bolsillos de los contribuyentes dieron luz verde a todas las iniciativas con proyecto de ley o decretos que les remitía Duarte, o cuando se atoraba una ley que se convertía en una “papa caliente” se recompensaba al diputado inquisidor o rebelde una cifra con varios ceros a su cuenta bancaria y sin contar con otras canonjías para sus familiares, concubinas, compadres o amigos.

El orondo y octogenario líder cameral y del Grupo Político de la Sección 32 del SNTE, Juan Nicolás Callejas, no le importó pisotear la ley o pasarse por el arco del triunfo un puñado de leyes –sobre todo las más recientes para cerrar el trienio legislativo y del gobierno duartista- que se oponen a la legislación nacional, como son el caso de la Ley Electoral,  Antiaborto y la Ley Anticorrupción.

Los reveses decretados por la SCJN a la LXIII Legislatura local fueron un ejemplo de que los serviles y lacayos diputados intentaron cubrir en salud al hoy prófugo de la justicia y a su camarilla de todos los abusos de poder, dislates y enriquecimiento ilícito que hoy se les acusa.

En la acera del Poder Judicial de Alberto Sosa Hernández los togados, con sus excepciones, dieron luz verde a todas las propuestas que les remitió el gobernador con licencia, aceptaron que les impusiera políticos sin carrera judicial para que administren la justicia, que estuvo entredicho en el régimen duartista.

No se puede pedir peras al olmo. Don Alberto es un hombre del sistema político gobernante y la vale un bledo que el Ejecutivo estatal le haya impuesto políticos en retiro, amigos o hijos de políticos de viejo cuño, como el caso de Amadeo Flores Espinosa.

En teoría los poderes del Gobierno del Estado –el deteriorado aparato político en caída- son “Autónomos”, “Soberanos” e “Independientes”, pero en la práctica los poderes Legislativo y Judicial son sometidos por todos los vicios legaloides y de corrupción del Poder Ejecutivo.

El síndrome de Hybris los afectó porque tienen  la “Inclinación narcisista a ver el mundo, primordialmente como un escenario en el que pueden ejercer su poder y buscar la gloria, en vez de un lugar con problemas que requieren un planteamiento pragmático y no autorreferencial.

Y la creencia de ser responsable no ante el tribunal terrenal de sus colegas o de la opinión pública, sino ante un tribunal mucho más alto: la Historia o Dios”. El destino de Duarte ya lo sabemos, pero ¿a dónde irán a parar Callejas Arroyo y Alberto Sosa? Comentarios a gau41@hotmail.com

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